Entre la ladera gris de la montaña y el río Segura, con su
verde huerta, emerge la localidad de Ojós, que toma su nombre del árabe Hosos, que significa huertos. Ojós permite disfrutar del encanto de antaño, un grupo reducido de población, donde todavía se mantienen vivas muchas tradiciones, algarabías de muchachos por las calles, el buen hacer de la cocina al fogón...
Su historia viene marcada, como en todo el
Valle de Ricote, por la expulsión de los moriscos en el año 1618, hecho que ocasionó una gran crisis demográfica. La Iglesia de San Agustín (patrón del municipio), de estilo mudéjar, es uno de los edificios más importantes. Muy cerca está el
embalse del Mayés, cuyas aguas y bellos paisajes son un buen reclamo para el viajero.
Sus fiestas patronales se celebran a finales de Agosto, donde se procesiona a S. Agustín y a la Virgen de la Cabeza y se lleva a cabo una espectacular demostración pirotécnica.