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CAMINO DE LA
CRUZ DE CARAVACA

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LA ORDEN DEL TEMPLE

LOS ORÍGENES DEL TEMPLE Y SU PRESENCIA Y ORGANIZACIÓN EN LOS REINOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
Esta Orden Militar, tanto por su trayectoria como por su trágica desaparición en 1312, ha dado pie al establecimiento de mitos en torno a ella, la mayor parte de los mismos salidos del campo del esoterismo, que han llegado hasta nuestros días y que han motivado la multiplicación de publicaciones de toda índole, algunas de las cuales no hacen precisamente justicia a la realidad del origen y justificación de su existencia.

Asimismo, y a la sombra de su historia, han proliferado multitud de instituciones que se atribuyen la sucesión de la Orden del Temple, sin que ello signifique que en realidad, ni por sus fines ni por su recorrido, sean sus herederos.

Hugo de Payns

Esta Orden tuvo su origen en Jerusalén, concretamente el año 1119. Tuvo como fundador al caballero francés Hugo de Payns quien, transmitiendo su entusiasmo a otros caballeros, se impuso como objetivo y fin dar protección a los peregrinos cristianos. Los referidos peregrinos, tras la Primera Cruzada (1096-1099), se desplazaban desde distintas partes de la cristiandad hasta Jerusalén con el fin de venerar las reliquias. Sin embargo, su trasiego se veía la mayor parte de las veces dificultado, cuando no interrumpido, por asaltantes musulmanes o de otra índole.

Este grupo de caballeros cristianos tomó como autodenominación la de « Pobres Caballeros de Cristo» y al parecer en principio careció de una sede o albergue concreto. Sin embargo, admirado de la actitud de aquellos, el rey Balduino II de Jerusalén les facilitó hospedaje en unas estancias del Templo de Jerusalén. A partir de ahí, y por el origen francés de sus primeros componentes y fundadores, adquirirían la denominación de «Orden del Temple».

Se trataba de una orden de monjes-soldados, a los que se dotó de una regla, que incluía los votos de castidad, pobreza y obediencia, en este caso contenía la incondicional al Papa, así como una férrea disciplina militar y religiosa. En principio fueron tutelados por los patriarcas de Jerusalén, si bien una bula del Papa Inocencio II les liberó de esa tutela y les otorgó una amplia autonomía.

Tenían como autoridad de mayor rango un Maestre, bajo la cual estaban los caballeros y algunos clérigos. Conforme la organización se hacía más compleja aparecieron los cargos de Gran Maestre (cuya residencia estaba en Jerusalén), Maestre Provincial o Lugarteniente (al frente de cada una de las provincias que se fueran constituyendo), Baile (regentaba una bailía), Comendador (al frente de una encomienda, por lo general integrada en una bailía), subcomendador etc.

Su vestuario más distintivo, generalmente, consistía en túnicas y capas blancas, a veces usadas como sobrecotas, con una cruz griega, roja, en la zona frontal izquierda. Usaban como armas espada y daga, así como cota de mallas y caballo. Se dejaban la barba y rasuraban la cabeza.

Como hemos señalado, muy pronto se fueron sumando nuevos componentes, procedentes de los distintos reinos europeos, siendo bien recibidos, por lo general, por los reyes, e incluso dotados con territorios y bienes. Ello dio pie a una pronta expansión y a la presencia de la institución en esos reinos.

España, los acogió, al parecer, entre 1128 y 1130, épocas en que recibieron las primeras donaciones, procedentes de la realeza y de los nobles. Sin embargo, muy pronto, más concretamente el año 1134, serían objeto de una herencia inesperada consistente en los reinos de Aragón y Navarra, pues el rey Alfonso I El Batallador, hombre de profundas convicciones religiosas, al no tener hijos, había dispuesto en su testamento la entrega a las órdenes militares, entre ellas la del Temple, de todos sus reinos. Se trataba, según su propio criterio, de devolver a Dios todo cuanto Dios, en su vida, le había otorgado, al tiempo que colaboraba en la remisión de sus pecados.

Sin embargo, la nobleza aragonesa, considerando que esa decisión era impropia e inaceptable, ya que mezclaba una cuestión política con una situación de conciencia religiosa, en este caso particularmente vinculada al rey, reunida en Jaca, acordó incumplir las disposiciones testamentarias del monarca fallecido, al tiempo que decidió ofrecer el reino a Ramiro, único hermano del rey, monje que en aquellos momentos era prior del monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca y obispo de Barbastro. Sería conocido en la Historia de Aragón como Ramiro II El Monje.

Como consecuencia de ello los templarios no recibieron los reinos testamentariamente determinados, si bien, de forma progresiva en el tiempo, les dieron múltiples castillos y territorios, estableciendo bailías, encomiendas y subencomiendas. A finales del siglo XII sus posesiones se computaban en un total de 36 encomiendas.

Conforme los templarios se fueron aposentando y extendiendo por la península Ibérica su organización adquirió una mayor complejidad y amplitud. En principio dividieron la Península en dos grandes provincias: Aragón-Cataluña-Provenza y la de Portugal. Después la provincia de Portugal se dividirá en dos amplias demarcaciones: Portugal de una parte y Castilla y León de otra. Al frente de cada una de estas provincias había un Maestre Provincial o Lugarteniente, que representaba en el territorio de su jurisdicción al Gran Maestre, que tenía su residencia en Jerusalén.

A su vez en cada provincia se formaron las bailías, siendo éstas el instrumento inmediato para el gobierno de las propiedades de la Orden. A su vez, en muchas de estas bailías se instituyeron pequeñas encomiendas y aún subencomiendas, al cargo de comendadores. Asimismo, es preciso destacar que entre las bailías también existían rangos, en función de su papel o extensión dentro de cada provincia.

En cuanto a su organización interna los templarios se agrupaban según cinco categorías, con orígenes sociales y funciones diferenciados: caballeros, sargentos y escuderos, hermanos de oficio y capellanes. Los caballeros y los capellanes eran nobles; los sargentos, escuderos y hermanos de oficio, tenían su origen en el Tercer Estado o Estado Llano.

Los caballeros, sargentos y capellanes eran «hermanos de convento », cumplían los votos monásticos y podían asistir a los capítulos; los hermanos de oficio se ocupaban de realizar las básicas y necesarias labores domésticas y no participaban de la vida conventual. Por su parte ayudaban en la Orden al transporte del armamento y suministros a los caballeros.

Como órgano principal de su funcionamiento estaban los Capítulos Generales, a los que concurrían el Maestre Provincial, los comendadores de mayor rango y otros miembros de la Orden de especial relevancia. Se celebraban en distintos lugares y en ellos se trataban los principales asuntos y se tomaban las decisiones que, a juicio del Capítulo, pudieran beneficiar a la Orden o colaborar a la mejor realización de sus funciones.

Uno de los últimos Capítulos Generales de los celebrados en la Corona de Castilla-León tuvo lugar en Zamora, en mayo de 1307, saliendo del mismo los fueros de la villa de Cehegín, en la bailía de Caravaca de la Cruz (Murcia).

Por lo que respecta a la Corona de Aragón, como ya hemos señalado, los templarios llegaron a ser partícipes, al menos sobre el papel y en las intenciones, del testamento de Alfonso I El Batallador, al que nunca renunciaron, si bien la cuestión quedó en suspenso. Sin embargo, a modo de compensación, recibieron diversos privilegios de ámbito territorial, económico y político, lo que les dio un amplio poder y una gran influencia en las decisiones que tomaran los reyes.

Entre las compensaciones territoriales en principio recibieron la villa de Monzón (Huesca), junto con las veintisiete poblaciones sobre las que tenía jurisdicción, así como el castillo de Barberá (Tarragona) y los de Remolins y Grayena, en Lérida. Así fueron expandiendo su influencia territorial y sembrando la Corona de Aragón de bailías y encomiendas. Además se les autorizó a constituir una nueva caballería para luchar contra los musulmanes y proteger al reino frente a estos enemigos, participando en algunas de las más importantes campañas llevadas contra ellos por los aragoneses.

En el siglo XIII su influencia se incrementó notablemente. Así, se dio la circunstancia de la muerte trágica, en 1213, del rey Pedro II El Católico (batalla de Muret), siendo aún niño de apenas cinco años su hijo y sucesor Jaime (futuro Jaime I El Conquistador), quedando también huérfano de madre. Tras diversos avatares, y por mandato del Papa Inocencio III, fue confiado en tutela a la Orden del Temple, en su castillo de Monzón (Huesca).

Jaime I confirmó a la Orden del Temple todos los privilegios que le fueron otorgados por sus antecesores y, a lo largo de su vida, los amplió. Se apoyó en los templarios en la mayor parte de sus campañas, tanto en la planificación de las mismas como en su ejecución, teniendo en ellos un valioso instrumento de conquista y consolidación de territorios.

También intervino Jaime I El Conquistador en el Reino de Murcia, en apoyo de su yerno, el rey castellano Alfonso X El Sabio, ante la sublevación mudéjar que había estallado en este territorio en 1264. La campaña aragonesa, en la que intervino intensamente el Temple, la dirigió el templario Pere de Queralt, Lugarteniente del Temple en Aragón, consiguiendo la derrota, en 1266, de los musulmanes, y el establecimiento de la Orden templaria en aquella zona. Concretamente en unas casas en Murcia y una bailía con cabeza en Caravaca y que además abarcaría los territorios de Cehegín y Bullas.

No obstante, el hecho de la entrega de Caravaca al Temple en esa época, como veremos en otro apartado, es puesta en duda, barajándose los años de 1244 y 1257, en este caso con origen en Castilla y no en Aragón.

Con los sucesores de Jaime I, y hasta la extinción de la Orden, mantuvieron los templarios unos vínculos similares, llegando incluso a enfrentarse a la invasión francesa de la Corona de Aragón, ordenada por el Papa Honorio IV tras haber excomulgado a Pedro III El Grande y a todo su reino, por los acontecimientos de Sicilia. Ello es una clara muestra de fidelidad de la Orden a los monarcas aragoneses, llegando incluso al enfrentamiento con un mandato del Papa, a quien debían voto de obediencia.

En los reinos de Castilla y León esta Orden hizo acto de presencia más tarde. Según Rodríguez García la primera referencia en Castilla pudo ser un gran fracaso, al renunciar los templarios a la defensa de Calatrava, lo que dio lugar a la fundación de una orden nueva, en 1157, con ese nombre.

Dada la escasez de documentación resulta difícil determinar la fecha de establecimiento de la institución en estos territorios. Parece posible que las primeras donaciones que recibieron se dieran entre 1140 y 1160, considerándose la el territorio de Tierra de Campos como sede de uno de sus primeros asentamientos.

Se conoce su colaboración con distintos reyes castellano-leoneses en distintos momentos de sus campañas, lo que les sirvió en muchas ocasiones para poder consolidar nuevos asentamientos y encomiendas.

Según Pereira Martínez, las encomiendas templarias existentes en los territorios de la Corona castellanoleonesa, excluyendo las de Galicia, fueron las siguientes:
Provincia de León: Ponferrada-Pieros-Rabanal del Camino, Villapalmaz (Toral de los Guzmanes).
Provincia de Valladolid: Mayorga de Campos, Ceínos de Campos, convento de San Juan de Valladolid, San Pedro de Latarce, Medina del Campo-Luctuosas.
Provincia de Zamora: Villárdiga, Pajares de Lampreana, Tábara-Carbajales-Alba de Aliste, Zamora, Alcañices, convento de Toro, Benavente, Villalpando.
Provincia de Soria: convento de San Juan de Otero.
Provincia de Logroño: Alcanadre.
Provincia de Palencia: Santa María de Villasirga.
Provincia de Salamanca: Salamanca, Ciudad Rodrigo.
Provincia de Toledo: Casas de Cebolla y Villalba, Montalbán, Yuncos.
Provincia de Córdoba: Casas de Córdoba.
Provincia de Sevilla: Casas de Sevilla.
Provincia de Murcia: Caravaca.
Provincia de Cáceres: Alconétar.
Provincia de Badajoz: Jerez de los Caballeros-Fregenal de la Sierra, Capilla, Valencia del Ventoso.

EL TEMPLE Y EL CAMINO DE SANTIAGO

La Orden del Temple hizo acto de presencia en Galicia ya a mediados del siglo XII. Una de sus primeras y principales bailías en esta tierra fue la del Burgo de Faro (concejo de Culleredo, en Coruña).

Era una villa portuaria abierta hacia el litoral atlántico, en una de las rutas francesas, la «ruta gascona », que empezaba en el puerto de la Rochelle y llegaba, por el Cantábrico, hasta Galicia y Lisboa, transportando mercancías y peregrinos. Asimismo se especula que serviría de escala a navíos templarios que se dirigían a Palestina.

Así pues se considera que este asentamiento se constituiría en una de las bases de mayor importancia para la radicación del Temple en toda Galicia, constituyéndose otras muchas encomiendas. Así, en Coruña: Además de la bailía de Burgo de Faro, las encomiendas de Betanzos, Lendo, San Sadurniño; en la provincia de Lugo: Sanfiz de Hermo, Santa María de Neira (ambas en las inmediaciones del Camino Francés) y Canabal; en la de Orense la bailía de Amoeiro y en la provincia de Pontevedra la bailía de Coia, por cuyas tierras pasa el Camino Portugués.

La mayor parte de estas bailías y encomiendas estaban estratégicamente situadas en los caminos de peregrinación a Santiago de Compostela, lo que hizo que la Orden jugara un importante papel en el mismo.

Así pues la Orden se instaló estratégicamente en el Camino de Santiago, instituyéndose a su vez como guardianes del mismo y apoyo a las peregrinaciones y al culto cristiano a lo largo del camino y en las zonas de su entorno, a través de sus bailías y encomiendas, no solamente en el Camino de Santiago, sino también en Navarra, Aragón y Castilla, cuyos territorios forzosamente se convirtieron en zonas de trasiego de peregrinos, procedentes de toda la cristiandad peninsular, en dirección a Santiago de Compostela. La búsqueda de la seguridad en los caminos llevaría a los peregrinos a aproximarse todo lo posible a los lugares de mayor protección, muchos de ellos regentados por la Orden del Temple.

En el propio Camino de Santiago se han atribuido construcciones a esta orden y establecido rutas que pudieron enlazar con el propio Camino. Así, entre las construcciones se atribuyen en Puente de La Reina (Navarra), la Iglesia de Santa María de los Huertos; en Eunate, la Iglesia de Santa María; en Torres del Río (Navarra), a medio camino entre Estella y Logroño, la Iglesia del Santo Sepulcro etc.
Sin descripción
LA CIUDAD SANTA
La ciudad de Caravaca de la Cruz es una de las cinco Ciudades Santas del mundo, junto con Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. La concesión por parte de la Santa Sede de Roma a la Basílica-Santuario para celebrar el Año Jubilar a perpetuidad cada siete años y concederá indulgencia plenaria a los peregrinos que acudan a Caravaca ese año. El primero de ellos tuvo lugar en el año 2003 y a él asistió el papa Benedicto XVI. VER MÁS
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